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El Idilio

Por Adriana Palacio

 

Y llegó un nuevo idilio a mi vida, y no uno cualquiera. Este sí que me está haciendo palidecer más. Estoy cautivada, radiante y muy antojada. Jamás pensé que del oriente llegaría mi nuevo objeto del deseo, creía ciegamente que mis afectos permanecerían  inmóviles en este lado del mundo. Pero nació el amor al primer coqueteo y ya no hay marcha atrás. Quienes me conocen saben que la paciencia no es propiamente una de mis virtudes (brilla por su ausencia en mi código genético junto con la diplomacia entre otras), así que no imaginé que este romance con el ritual de los 8, 10, 12 o n pasos del K-Beauty tuviera futuro. Pensé que sería efímero cual flor de un día. Felizmente para mi diario palidecer me equivoqué.

 

Estoy a punto de tener que remodelar mi baño para abrirle espacio a mi nuevo ecosistema de Porcelana Glam cuyos tesoros curados, secretos ancestrales, fórmulas muy conocidas unas y otras no tanto, desplazaron a mi otrora breve y concisa rutina occidental de mañana y noche. El área ocupada se quintuplicó y sigue creciendo exponencialmente a medida que el idilio progresa; pasé de usar 3 o 4 productos (limpiadora, o desmaquilladora, crema para ojos, humectante y antisolar) al encantador  e infinito universo del K- Beauty  y sus rituales.

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El éxito de este K-idilio se lo atribuyo principalmente a que los productos no solo cumplen sino que exceden las expectativas, palidezco más que nunca y la tonalidad original de fábrica está más pareja y perlada y siento la piel más fresca (nada de lozanía, tersura, cutis, rostro, cabello, aplicar y demás tecnicismos del léxico cosmético que por ahora me niego rotundamente a utilizar porque me siento impostada). Anécdota: en estos días en la peluquería pregunté qué producto me iban a echar y una señora desconocida que estaba a mi lado, posando de muy elegante y culta, nada que ver con lo que aparentaba, me corrigió a viva voz diciendo que era aplicar y no echar. Contuve mi mirada matadora, respiré profundamente – om – y seguí conversando con la persona que me estaba atendiendo y con una gran sonrisa nuevamente le pregunté por el producto que me iba a ECHAR y nos morimos de la risa juntas.

 

Empecemos con los detalles de la fase de la conquista que es la más emocionante y  la que marca la pauta en el devenir de los idilios.

 

La doble limpieza es tal vez lo que más dudas me generó en principio por el limpiador en aceite ya que me imaginaba embadurnada en aceite Johnson´s y/o en Vaselina y con los ojos irritados por ese grasero imaginario. Pero no, los que he probado hasta la fecha (Black Sugar Perfect Cleansing Oil de SKINFOOD, Cleansing Balm de Beauty of Joseon y Pure Pearlsation Divine Pearl Cleaning Oil de KLAVUU) me han sorprendido gratamente porque no son grasosos y al contacto con el agua se sienten como un velo sedoso que se enjuaga fácil y rápidamente. La segunda parte de la limpieza también es deliciosa porque los productos en crema, espuma o gel que he usado (PURE PEARLSATION REVITALIZING FACIAL CLEANSING FOAM de KLAVUU, cauliflower mushroom vital cleansing foam de innisfree y green tea foam cleanser de innisfree) son suaves al tacto y dejan una profunda sensación de limpieza, y de frescura. Confesión: por mi alergia en los ojos sigo usando desmaquilladores bifásicos tradicionales de la cosmética occidental. Ya entrada en confianza con los productos coreanos me voy a lanzar y probaré un desmaquillador de ojos del otro lado del mundo.

 

Generalmente uso el exfoliador una vez por semana y me ha encantado el GAUZE PEELING WINE de NEOGEN porque son unos pads o almohaditas desechables con una textura delicada que dejan la piel con el delicioso olor de un buen vino tinto y una sensación de suavidad extra. Esto sí es cariño verdadero! Además, son muy cómodos y fáciles de usar. Espero ansiosamente la llegada de las  mismas almohaditas pero de limón (GAUZE PEELING LEMON de NEOGEN) porque me encanta ensayar productos nuevos.

 

Quedé prendada del primer tónico que usé (One Step Moisture Up Pad de COSRX), también pads desechables que impregnan la cara y el cuello de frescura.

 

Las esencias en general (TIME REVOLUTION THE FIRST TREATMENT ESSENCE de MISSHA, Essence Miracle Seed de primera,REAL COMPLEXION HYALURON SKIN ESSENCE de HANSKIN y SNAIL BEE HIGH CONTENT ESSENCE de Benton) son pequeños lujos que dejan la piel con una sensación de hidratación indescriptible, sin palabras. No en vano son consideradas el corazón del ritual de la belleza coreana y cuando las ensayen se acordarán de mí, ya lo verán.

 

Al principio tuve mis reservas con las cremas para el contorno de ojos por la alta sensibilidad que tengo pero me ha ido bien con las dos que he ensayado (FERMENTATION EYE CREAM de Benton y ROYAL HONEY ESSENTIAL EYE CREAM de SKINFOOD).

 

Equiparo los serums con los abrazos profundos que reconfortan el alma e insuflan bienestar. Si el exfoliante es cariño verdadero los serums son amor del bueno! Afortunadamente no creo que exista algo así como una sobredosis de estos productos  porque si no estaría en serios aprietos. Hasta ahora he usado varios y sigo contando (THE ESSENTIAL CREME FLUID de AMOREPACIFIC, canola honey serum de innisfree, REVITALIZING LIFTING SERUM de IOPE, PREMIUM HYDRATING SERUM de MIZON, The green tea seed serum de innisfree y yuja water WHITENING AMPOULE IN SERUM de SKINFOOD). Ha quedado más que en evidencia mi poliamor coreano, no hay vuelta atrás.

 

Las sheet masks son un mundo aparte, las hay de casi todos los ingredientes, colores, olores, materiales y hasta sabores. Se sienten como el arrunche del fin de semana, como aquellos mimos que siempre caen bien y nunca están de más.

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Sabina, la cómplice.

 

En cuanto a las hidratantes prefiero las de textura ligera por facilidad de uso (SUPER AQUA CELL RENEW SNAIL CREAM de MISSHA y WHITE PEARLSATION ENRICHED DIVINE PEARL CREAM de KLAVUU).

 

El broche de oro al terminar la rutina nocturna son los sleeping packs que sellan con un toque extra de hidratación los productos previamente utilizados. Me han parecido muy interesantes el Ultimate Nourishing Rice Overnight Spa Mask de COSRX y Revitalize Sleeping Mask de Beauty of Joseon.

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Y el broche de platino, diamantes y demás gemas preciosas para finalizar la rutina en la mañana es el infaltable protector solar. No hay excusa alguna para omitir su uso, ninguna es ninguna. No insistan por favor. El protector solar es el mejor aliado, el BFF de una piel sana, sin manchas ni arrugas. Totalmente fascinada con el PERFECT SUN BLACK de O HUI.

 

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Merlina. Foto por Carolina Arroyave

 

Notas Marginales:

 

1) Lo que acaban de leer no es una reseña profesional ni exhaustiva de los productos   de mi más reciente affair, simplemente son sustanciosas confidencias.

2) Soy clienta de Espejos en el Ático, amiga de la casa y no percibo remuneración alguna por mencionar lo que estoy usando.

 

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El Contexto

Qué de dónde soy? Qué si soy irlandesa o judía? Qué qué apellidos tengo? Que esa palidez y gama cromática no son de aquí! Obviamente siempre respondo igual: soy paisa repaisa y con toda mi ascendencia próxima y conocida muy colombiana. Complemento tan trillada respuesta diciendo que al fin de cuentas todos aquí venimos de mezclas forjadas en otras épocas y que mi familia no debe ser la excepción a este mix. Y siguen las indagaciones, qué si ese es mi pelo (forma disimulada de preguntar si soy pelirroja y crespa natural), para lo cual también tengo una respuesta prefabricada: los crespos son míos y el rojo es cortesía de LOreál tal como alguna vez le dije a un ex jefe que me preguntó si yo era pelirroja por parte de mi papá o de mi mamá.

Que parezco un hada, una dama antigua y hasta una virgen me han dicho; gracias por lo que me toca, posiblemente tengo más definidos o explícitos los rasgos de una simbiosis arquetípica que todas encarnamos.

Reiterando que no soy una autoridad en nada ni en nadie puedo decir que además del cuidado de mi piel y de la preservación de mi pálida tonalidad original de fábrica, mis otras debilidades son los libros, los zapatos y los gatos. 

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Fotografía por Carolina Arroyave

Vanidad de vanidades, vilipendiada por muchos y criticada por otros pero siempre presente y constante en mi vida bajo la acepción coloquial del autocuidado y querer lucir bien. Nada que ver con el significado religioso que la elevó al grado máximo de pecado capital. Tuve la fortuna de que mi mamá además de ser culta, inteligente y adelantada a su tiempo, también cuidó mucho su piel y apariencia personal. Aprendí con el ejemplo y de ahí mi fascinacióin crescendo desde que era niña por las cremas de belleza, cosméticos, perfumes, frascos, frasquitos, literatura y todo lo relacionado con la vanidad y la belleza. 

Los libros siempre han sido uno de mis lugares seguros favoritos, me han acompañado, enseñado y transportado en el tiempo y en el espacio. Junto con el criterio y el discernimiento, ellos fueron guías y anclas en mis tiempos de estudiante de derecho, posgrados y durante mi ejercicio profesional en el sector privado. También han sido faros en mis incursiones académicas en asuntos de moda y belleza; lo fueron en mi fugaz etapa de empresaria de moda en el sector del calzado y bolsos y seguirán siéndolo per secula seculorum. Ratona de biblioteca desde siempre y por siempre.

Los zapatos son caso aparte. Fetiche, Talón de Aquiles y placer culposo en su máxima expresión.

Fiel y devota súbdita de mi gatolandia (sindigato conformado por un trío bigotudo que adoro, me domina y al cual cada día le encuentro más encanto y belleza).

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Fotografía Carolina Arroyave

La cereza del pastel: no soy de lavar y planchar, soy de lavado en seco #sorrynotsorry.

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La Debutante

Por: Adriana Palacio

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Fotografías por Carolina Arroyave

Me asomo a este espejo de forma soslayada, muy de ladito, no de frente como solemos mirarnos ante los espejos que encontramos a nuestro paso. Estoy debutando en el arte de escribir y hacerlo aquí es un sueño hecho realidad y a su vez enfrentar uno de mis más grandes miedos, ser leída por otros, someterme a su escrutinio. Pero en fin, si a mis cincuenta años no empiezo a hacer lo que siempre he querido, para cuándo lo pienso dejar?

Aclaro, no soy escritora, ni periodista, ni experta en moda o en belleza, si acaso soy una experta en ser “cara pálida” como alguna vez una compañera de la universidad me llamó creyendo que estaba insultándome.

Me presento ante ustedes con mis mejores galas, con mi “blancura perlada” como una de mis amigas la bautizó. Cuido mi tonalidad “original de fábrica” como uno de mis mayores tesoros, le huyo al sol como si fuera el enemigo público y creo que muchos me consideran un poco sicópata porque no disfruto la playa, las piscinas, asolearme ni calcinarme para coger colorcito de australiana surfera o modelo de bronceador (anaranjado o terracota). Es más, cuando decido (me toca) ir a lugares con asoleada incluída regreso más pálida de lo que me fui.

Apenas me estoy familiarizando con los baños de luna y sus encantos pero los prefiero una y mil veces sobre los baños de sol y sus devastadores efectos: arrugas, envejecimiento prematuro, manchas, pecas, melanoma maligno y ni para que seguir.

Mea culpa, abusé del astro rey hasta los veinte años cuando me salieron unas manchitas blancas en las piernas y el diagnóstico fue un principio de vitiligo – no sé si es una herejía médica usar esta expresión-, pero es lo que recuerdo dijo el doctor cuando fui a consulta por los aparentes hongos que me salieron al regresar del consabido paseo familiar a Coveñas.  Lo peor fue que el tratamiento para las manchas adquiridas por mis frenéticas asoleadas de piernas en los recreos del colegio, en el balcón y patio de mi casa, en los paseos y en cualquier lugar donde pudiera broncearme, fue tener que usar una crema que me hizo descamar como seis meses seguidos. Producto de dicha descamación y sus desagradables efectos a la vista tuve que archivar las minifaldas por un buen tiempo y mis piernas firmes y torneadas  propias de la juventud quedaron confinadas a los pantalones y jeans de la época.

Gracias a este episodio y a los artículos de las revistas de la época que empezaron a prevenir sobre los efectos nocivos y daños colaterales causados por la exposición a los rayos ultravioleta empezó mi fobia al sol, al trópico, al calor, a todo aquello que amenazara mi piel, mi tonalidad original.

Antes de entrar al universo de Espejos en el Ático y las rutinas Porcelana Glam no había conocido a alguien que cuidara y atesorara su palidez como yo. Encontré una gran coincidencia en el tema estético y en la ponderación de la palidez, la piel de porcelana y todo aquello que la orbita. Et voilà, aquí estoy empezando a escribir!

Luego les contaré cómo me inspiran la belleza y la estética; y como vibra y se conmueve mi alma con las notas armónicas que de aquellas brotan.

Espero sigamos palideciendo juntos!

 

 

 

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