Maria Alejandra Calle

Fundadora Espejos en el Ático

He concebido el blog ‘Espejos en el Ático’ como una especie de ‘feria de las vanidades’ o de boudoir. En este espacio pretendo consignar reseñas y fragmentos de inspiración alrededor de la belleza pálida. La belleza pálida entendida como opción estética más que como accidente genético o fenotípico. Mi carrera como profesora universitaria e investigadora (en temas remotamente conectados con las vanidades del maquillaje) me han proporcionado el método y el rigor para abordar temas con seriedad. Sin embargo, mis devaneos con el arte y mi delirante amor por la belleza de otros tiempos (y de otros mundos) me han llevado a buscar una ventana de expresión paralela y oxigenante a mi quehacer profesional. En otras palabras, no soy blogger de profesión, no soy ni comunicadora, ni diseñadora, ni maquilladora. Soy investigadora en Derecho Internacional y en Negocios Internacionales. En veces, la perspectiva cultural y empresarial del mundo de la industria de la belleza podrá tener voz en este espacio. Sin embargo, este blog ha sido concebido como una lúdica extensión de mi tocador y de mis intereses estéticos (en lo relacionado con la belleza y el maquillaje) .

 

 

Adriana Roldán-Pérez

Co-Directora Espejos en el Ático

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Fotografía por Carolina Arroyave

Mi pasión por el cuidado de la piel se remonta a  los recuerdos de una madre amorosa y paciente que preservaba con esmero su apariencia personal pero ante todo su piel. Recuerdos de aquellas  noches cuando me acostaba a su lado y sentía una piel completamente hidratada con un olor de nostalgia que mantengo en mi memoria como una alegoría al más bello sueño.Posteriormente mi admiración por las cremas, los perfumes y los aromas me llevaron hasta pensar en posibles combinaciones que se pudieran vender en los más exigentes anaqueles de las boutiques parisinas, desafiando mis pasiones tome el rumbo de la ingeniería y muy rápidamente fui mutando a los Negocios Internacionales, profesión que no tenía nombre de nada pero para mí era como un preludio a mis deseos… fue así como en la culminación de mi carrera en un tiempo maravilloso de estudios en Francia llegué a conocer y a fascinarme con los perfumes y las cremas europeas, aspiraciones de una estudiante que fantaseaba con las exquisiteces parisinas… fue precisamente en esos lugares que para mí eran como cuentos de hadas, donde también  conocí mi gran amor: Andrés, compañero de vida y padre amoroso de mis dos hijos: Maria del Mar y Juan Martín.

Por cosas de la vida, y quizás por una auténtica vocación de mi niñez fue como el sector empresarial se fue mezclando con la academia, un mundo desconocido para mí pero admirado y cultivado por mi gran asombro por los libros, por las mil preguntas que me invadían todos los días, por mis deseos de cambiar el rumbo del mundo. Desde la academia fui cultivado también mi visión internacional adquirida en los viajes de estudiante y de ejecutiva abriendo mercados para productos como textiles y cerámica. Fue justamente buscando lo inexplorado y reconociendo al mismo tiempo la gran distancia que tiene Colombia con Oriente que llegué a estudiar a Japón, con Andrés y dos maletas demasiado grandes para un país en el que no se necesita nada, sólo tener los ojos abiertos y la capacidad de asombro que por tantos ires y venires de la vida a veces sentía que iba perdiendo, pero que en Japón redescubrí e intuyo que se los transmití a mi hija desde mis entrañas más profundas.

En el país del sol naciente, también tuve la oportunidad de ver de primera mano y de convivir con mis amigas japonesas su obsesión por el cuidado de la piel, por mantener una piel suave, iluminada e inmaculada. Obsesiones que en aquella época eran lejanas para mí porque tenía la responsabilidad de mis estudios y las limitaciones de ser estudiante en una de las ciudades más costosas del mundo. Pero fue en mi regreso a Asia, gracias a una investigación  sobre café en Vietnam que paré obligatoriamente en el aeropuerto de Incheon en Corea y luego de largas horas de vuelo decidí ir en búsqueda de cremas en las que ya como profesional si podía adquirir sin remordimiento. Fue entonces como desde el año 2007 no he parado de usar los productos coreanos con algunas mezclas de japoneses y seguía conservando “los infiltrados occidentales” (como los suele llamar Aleja), eso sí advierto,  que sin el rigor de una auténtico ritual de belleza sino como pasos aislados que provenían de mis instintos.

En mis regresos a Seúl y a Tokio y gracias a los encargos de mi colega y amiga Aleja- para mí en ese entonces considerada raramente obsesionada por el cuidado de la piel pero admirada por su conocimiento, tenacidad y sobre todo por su buen gusto- fue que redescubrí mis pasiones aplazadas por los compromisos académicos y de madre… el mundo de las pequeñas indulgencias, el entusiasmo por recuperar lo que realmente me inundaba de genuino placer y de fascinación: el cuidado de la piel y ese universo de pequeños coqueteos conmigo misma… esa mujer que sentía olvidada por cumplir con miles de responsabilidades que me tenían abrumada como eran la finalización de un doctorado que me había llevado inexcusablemente nuevamente a Japón e inexorablemente a sus complicaciones y transformaciones.

El mundo está lleno de conexiones, de pasos impensables que te llevan al mismo lugar. Fue exactamente con una de mis primeras amiga al llegar a trabajar a la Universidad EAFIT hace más de 15 años con la cual estoy aprendiendo y obsesionándome de la misma forma que ella con el cuidado de la piel, sin saberlo mi tema doctoral me devolvió al origen y al mismo tiempo a la aplicación de un tema que leerán muy pocos pero que me permitió ver las grandes oportunidades que tiene el sector agrícola en Latinoamérica para llevarlo a Asia, para combinarlo con Asia, para apreciarlo en Asia.

Gracias a la inspiración, sabiduría  y a  la compañía de Aleja es que hoy me encuentro redescubriendo un nuevo camino, con el cual me declaro completamente obsesionada y apasionada y es el mundo de la cosmética en Corea y en Japón porque no sólo me ha devuelto a mis raíces sino que me llena de ilusión en esta búsqueda constante de seguir aprendiendo, de por fin ir emprendiendo y al mismo tiempo ir desaprendiendo de algunos miedos que se incorporaron con los años, a los cuales hay que combatirlos con la convicción de vibrar con lo que se ama y de vivir con lo que se hace.

Finalmente, Espejos en el Atico y su mundo de Porcelana Glam llegan a mi vida en el momento justo, y les doy la más grata bienvenida desde mi alma porque hacen parte de mi gran inspiración y pasión.

 

Adriana Palacio

Co-Editora Blog Espejos en el Ático

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Fotografía por Carolina Arroyave

Qué de dónde soy? Qué si soy irlandesa o judía? Qué qué apellidos tengo? Que esa palidez y gama cromática no son de aquí! Obviamente siempre respondo igual: soy paisa repaisa y con toda mi ascendencia próxima y conocida muy colombiana. Complemento tan trillada respuesta diciendo que al fin de cuentas todos aquí venimos de mezclas forjadas en otras épocas y que mi familia no debe ser la excepción a este mix. Y siguen las indagaciones, qué si ese es mi pelo (forma disimulada de preguntar si soy pelirroja y crespa natural), para lo cual también tengo una respuesta prefabricada: los crespos son míos y el rojo es cortesía de LOreál tal como alguna vez le dije a un ex jefe que me preguntó si yo era pelirroja por parte de mi papá o de mi mamá.Que parezco un hada, una dama antigua y hasta una virgen me han dicho; gracias por lo que me toca, posiblemente tengo más definidos o explícitos los rasgos de una simbiosis arquetípica que todas encarnamos.

Reiterando que no soy una autoridad en nada ni en nadie puedo decir que además del cuidado de mi piel y de la preservación de mi pálida tonalidad original de fábrica, mis otras debilidades son los libros, los zapatos y los gatos. 

Vanidad de vanidades, vilipendiada por muchos y criticada por otros pero siempre presente y constante en mi vida bajo la acepción coloquial del autocuidado y querer lucir bien. Nada que ver con el significado religioso que la elevó al grado máximo de pecado capital. Tuve la fortuna de que mi mamá además de ser culta, inteligente y adelantada a su tiempo, también cuidó mucho su piel y apariencia personal. Aprendí con el ejemplo y de ahí mi fascinacióin crescendo desde que era niña por las cremas de belleza, cosméticos, perfumes, frascos, frasquitos, literatura y todo lo relacionado con la vanidad y la belleza. 

Los libros siempre han sido uno de mis lugares seguros favoritos, me han acompañado, enseñado y transportado en el tiempo y en el espacio. Junto con el criterio y el discernimiento, ellos fueron guías y anclas en mis tiempos de estudiante de derecho, posgrados y durante mi ejercicio profesional en el sector privado. También han sido faros en mis incursiones académicas en asuntos de moda y belleza; lo fueron en mi fugaz etapa de empresaria de moda en el sector del calzado y bolsos y seguirán siéndolo per secula seculorum. Ratona de biblioteca desde siempre y por siempre.

Los zapatos son caso aparte. Fetiche, Talón de Aquiles y placer culposo en su máxima expresión.

Fiel y devota súbdita de mi gatolandia (sindigato conformado por un trío bigotudo que adoro, me domina y al cual cada día le encuentro más encanto y belleza). La cereza del pastel: no soy de lavar y planchar, soy de lavado en seco #sorrynotsorry.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto : Carolina Arroyave

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