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Entre Musas y Coloretes

 

Colorete, blush, blusher, rubor, la denominación palidece ante el vasto horizonte de colores que hoy compone una paleta inagotable. Gústenos o no, el rubor representa uno de los mejores aliados de las damas pálidas. Por supuesto, usar rubor es aprender a caminar por un campo minado. Cualquier paso en falso puede ser fatal. Un brochazo de exceso puede situarnos en la ingrata representación de Columbina (personaje la Commedia dell’Arte) o en una menos aristocrática versión de María Antonieta. Con todo, aplicado con la suavidad de un adagio y con una acertada elección del color, el rubor (en tanto artificio cosmético) puede resaltar la belleza serena y atemporal de la piel que le teme al sol. Debo sin embargo aclarar que no siempre tuve al colorete por aliado. Le temía como a la plaga pues pensaba que la tonalidad rojiza en las mejillas me robaría el aire de vampiresa que pretendía a toda costa preservar. Franco error de la inexperiencia y del cliché. Una mala lectura de la literatura gótica y un rebelde afincamiento en la subcultura.

dsc07599Urban Decay (Obsessed)

Tuve que experimentar para comprobar que la vitalidad y la complejidad que le proporciona el blush a los contornos del rostro de nosotras “las pálidas” tiene una gracia que mal haríamos en subestimar. Finalmente entendí que los vampiros también adquieren la colorida vitalidad en sus mejillas después de alimentarse. Tuve igualmente que comprobar que muchas de las musas de mis obras de arte favoritas tenían dos cosas en común: su tez de porcelana y sus mejillas rosa o melocotón. Me bastó igualmente con ver -desde una perspectiva más pragmática- como los diferentes tonos de rubor podrían servir para marcar ángulos que deseaba destacar (en ausencia o en conjugación con el bronzer).

 dsc07602Charlotte Tilbury (Cheek to Chick-First Love)
dsc07611Pupa (like a Doll Luminys Blush) y The Balm (Frat Boy)

Así las cosas, en las lides del uso del rubor mi sugerencia consta de dos elementos esenciales (que por lo menos a mi me han funcionado). El primero, es el de tratar conservar la correspondencia entre los tonos del rubor y del labial. El segundo, es el de optar por los colores pálidos (tonos rosa, lilas, malva o durazno). Por supuesto, toda regla tiene su excepción. Por ejemplo, hay tonos tierra o bronceados (como el Lovejoy de Nars) que con buen pulso y buena brocha, pueden esculpir bellos pómulos propios del look de los 90.

dsc07586Los iuminadores con tonalidad rosa o durazno  pueden igualmente servir para complementar el efecto del blush

En las imágenes que acompañan este post dejo a su consideración algunos de mis rubores favoritos. He seleccionado aquellos de mi colección que podrían haber iluminado los rostros de aquellas arquetípicas bellezas que inspiraron grandes pinturas del romanticismo. Entre ellas, la trágica Ophelia (John William Waterhouse), la lánguida Joséphine de Beauharnais (Pierre-Paul PRUD’HON) y la Venus Verticordia (Dante Gabriel Rossetti).

dsc07593Milani (Luminoso)

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Alejandra Calle

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Damas Pálidas en Youtube

 

Uno de mis pecados culposos es el de dedicar un importante porcentaje de mis escasos ratos de ocio a ver tutoriales y hauls en Youtube. Con sorpresa veo como el abismo que nos separa a las mujeres de la generacion X de las Milenials se diluye un poco. Y es que ojalá yo hubiera tenido Youtube en mis años mozos para evitar tantos tropiezos (no hay necesidad de relatarlos). Sin embargo, cuando veo tendencias como la del excesivo contorno (atribuible al culto bizarro de las Kardashian) que pulula por esos canales me horrorizo. Del acicalamiento a la transformación digna de efectos especiales hay un profundo trecho y un costo de elegancia que por lo menos yo, no estoy dispuesta a sacrificar. Sin más divagaciones, pongo a su disposición un listado de mis youtubers favoritas. Todas ellas son fuente de inspiración y de oportuno consejo cuando se trata de encontrar un tono de base o de labial digno de ser considerado.

 

Mallory Cornelison

Leigh Dickson

Haute Macabre (Samatha Smith)

Arna Alayne

 

De gran relevancia

Lisa Eldrige

Sali Hughes

 

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Alejandra Calle

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Obertura

 

 

Espejos en el Ático es una alegoría de los espacios, momentos, objetos y rituales que configuran mi especial interés por lo que alguien podría denominar “ la belleza pálida”. Es un “baúl” de encantos y posiblemente fruslerías íntimamente relacionadas con el “glamour” de la palidez del lirio. Nótese que empleo el anglicismo glamour para denotar su significado histórico original: el encantamiento, el hechizo temporal. Recuerdo con infinito afecto las horas que de niña pasaba encerrada en el vestier y el tocador de mis abuelas. En soledad experimentaba con inocencia los labiales y “coloretes” de aquellas mujeres fascinantes y elegantes que he tenido por abuelas. Con fascinación acompañaba a mi madre en ese momento intimo y cotidiano de aplicar su maquillaje. Veía con asombro aquella transformación mágica que imponía poco esfuerzo. Cuando era una adolescente en los 90 (y no existía internet) mi única fuente de inspiración eran las revistas de moda, los libros y las pelis. El mercado de cosméticos era infinitamente limitado. Los editoriales las revistas parecían promesas difícilmente alcanzables. Así las cosas, en mi época de adolescente me conformé con un labial vino tinto de Kiko, un polvo de arroz muy blanco (de origen japonés), un lápiz de labios color sepia y una sombra negra de alguna marca desconocida y una pestañina de Clinique (la forma en que la conseguí por aquel entonces me hubiera valido una reprimenda de mi madre y por eso lo dejo en el misterio).

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De esta forma, entre libros, azucenas y la angustia existencial propia de la adolescencia (que dejé hace más de una veintena) mi fascinación por el maquillaje y sus artificios persistió. Sin embargo, dicha fascinación siempre tuvo una afinidad muy clara con la arquetípica belleza que ilustra la literatura gótica y el periodo romántico de finales del siglo XVIII. Aquella que le es propia a las mujeres casi etéreas, que son o “muy vivas” (piénsese en las mujeres feéricas) o “muy muertas” (las bellas vampirizadas).

 

Esta breve introducción con tono personal podría extenderse en un anecdotario que puede resultar innecesario para el propósito de este blog. Sin más innuendos, este espacio virtual busca servir de inspiración para todas aquellas mujeres, que como yo, tienen una afinidad estética por la belleza pálida. No es mi intención (al menos por el momento) la de realizar tutoriales de maquillaje. Esa tarea se la dejo a las/los makeup artists. Tampoco deseo realizar una apología acrítica a los venenos que en otrora usaron las mujeres para mantener cierta apariencia (e.g., plomo, belladona, arsénico). Lo que busco es más bien descorrer el velo que también recubre los pequeños misterios. Lo cotidiano, lo ordinario (y no tan ordinario) que permea el diario ritual de la apariencia. Mi apariencia y la de aquellas que nos acompañaran en este blog, es sin duda un mecanismo de expresión personal. No es accidental el que muchas de las musas con las que pretendo compartir este espacio tengan una muy peculiar (y en veces siniestra) vocación por las artes, la fotografía y las letras. “Espejos en el Ático” es una ventana al “ encanto cotidiano” de fascinantes mujeres que de manera subversiva desafían los parámetros de belleza de la pop-culture. Todas estas mujeres han abrazado su propia palidez con arcana fascinación. Algunas son divas por derecho propio, otras son hadas que parecieran flotar mientras caminan en calles cercanas (y algunas lejanas), otras son vampiresas reclusas en el ataúd de sus propias moradas citadinas, otras son bellezas atemporales que se camuflan en un colectivo corporativo. De todas ellas se compone este espacio. Todas ellas darán cuenta de sus secretos y artilugios. De aquellos breves rituales de belleza y de hedonismo que hacen soportable la lividez de lo ordinario.

 

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El día de hoy se inaugura este espacio que tengo el enorme placer de compartir con mi querida amiga Carolina Arroyave. Con su gran talento para la fotografía , su formación en artes plásticas y su conspiración en contra de los rayos del sol, Carolina es una perfecta compañera de letras y de imágenes.

Más que un blog, “Espejos en Ático” es un diario, un sketchbook de recomendaciones y confesiones de mujeres decididamente pálidas. Es una indulgencia, una flagrante confesión de vanidad sin reatos de conciencia.

 

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Texto: Alejandra Calle

Fotografia: Carolina Arroyave

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