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A Través del Espejo de Leticia

 

La fotografía etérea, femenina y fantasmagórica de Leticia Gonçalves Alfeud siempre me ha cautivado. Recuerdo que la primera vez que observé su galería en Instagram (@theghostcortege) pensé que se trataba de una oscura Cleo de Merode contemporánea .

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Leticia una de esas bellas pálidas nacidas en suelo Suramericano. Y es que a muchos puede asombrarles que bajo el inclemente sol del trópico una tez clara pueda conservarse inmaculada. Factores climáticos, genéticos, sociales y culturales pudieran no ser propicios para que la palidez sea un rasgo típicamente distintivo de las mujeres latinoamericanas. Sin embargo, los estereotipos engañan y los determinismos geográficos languidecen cuando la evidencia muestra que Suramérica es un epicentro en el que no sólo confluyen muchas etnias y culturas, sino también fenotipos. Ya sea por el azar de la genética o por afinidades estéticas, la belleza pálida encuentra tantas manifestaciones como paletas de tonos claros pueden existir.

 

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Leticia es Magister en Historia y actualmente estudiante de Doctorado en Historia Medieval de la Universidad de Sao Paulo (Brasil). Sus intereses investigativos se concentran en las enseñanzas clericales francesas de finales del siglo XV. Esta bella dama pálida generosamente ha querido compartir con Espejos en el Ático algunos de sus rituales de tocador y fuentes de inspiración. A diferencia de muchas mujeres, Leticia no comenzó a usar maquillaje en sus años de adolescencia sino una vez iniciada su veintena. Aunque sus devaneos con el maquillaje se concentraron inicialmente en el uso del delineador y el labial rojo, con el transcurrir de los años su interés por el maquillaje ha incrementado ostensiblemente. Aunque tiene una tez envidiable y ha sido afortunada en no sufrir problemas de piel, los años le han enseñado que para tener una bella piel en una edad madura, desde ahora debe cuidar su piel con esmero (Leticia se encuentra en sus 30).

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Leticia nos cuenta que su colección de maquillaje es modesta pero que en sus rituales de maquillaje nunca faltan los labiales rojo, rosa suave y malva (prefiriendo siempre los tonos sobrios y fríos). La base de acabado mate la reserva para ocasiones especiales. Esta bella de piel de porcelana usa (por supuesto) protector solar todos los días, especialmente por el fuerte sol de su Brasil natal. Cuando de cuidar su piel se trata, Leticia opta por usar productos con ingredientes naturales (e.g., barro y camomila). En materia de lociones hidratantes, sus favoritas son las de Mary Kay y Roc.

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¿Como no preguntar a Leticia de donde viene su inspiración en materia de maquillaje? No sorprende que su inspiración provenga frecuentemente del pasado, especialmente de las mujeres representadas por sus artistas, pintores, fotógrafos favoritos (al igual que en sus películas predilectas). La estética del siglo XIX y de principios del siglo XX es especialmente significativa para Leticia. Particularmente en lo que respecta a los movimientos pictóricos propios del romanticismo oscuro, el simbolismo y la fotografía pictorialista. El maquillaje de los años 60 y 70, aquellos ojos oscuros, labios pálidos y los rostros del rock gótico de los 80. Leticia trata de adaptar sutilmente todas aquellas fuentes a su rutina de maquillaje. Y vaya que lo logra a cabalidad!

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Esta musa pálida interpreta el maquillaje como una especie practica artística cotidiana a través de la cual intervienen diferentes conceptos y referencias estéticas. Todos estos elementos facilitan la creación de algo profundamente particular y maravilloso. Lo anterior no deja de causar cierta perplejidad toda vez que obrando como un encantamiento permite trascender la banalidad y la futilidad de lo ordinario.

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Fotografias cortesía de Leticia Gonçalves Alfeud

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A propósito de las llamadas “réplicas” de maquillaje

 

Existe una preocupante proliferación de productos de maquillaje falsificados o ‘pirata’ (counterfeits/ knock-offs) en el mercado colombiano. Generalmente se encuentran a la venta bajo el eufemismo de ‘réplicas’ (incluso llegan a acuñar la calificación de ‘AAA’ como si de una certificación de riesgo financiero se tratara). Y digo que se emplea a manera de eufemismo toda vez que el término ‘réplica’ se usa especialmente para referirse a las copias de obras de arte. El maquillaje falsificado es proveniente de la actividad ilegal que se desprende no sólo de la violación de los derechos de propiedad intelectual de marcas notoriamente conocidas, sino del fraude y de la competencia parasitaria.

Qué existan redes internacionales delictivas dedicadas a esta actividad multimillonaria no sorprende. Al interior del mercado negro, el maquillaje falsificado ocupa tan sólo un eslabón. Lo realmente preocupante es que de manera abierta e inescrupulosa existan establecimientos de comercio y personas naturales que a través de las redes sociales promuevan abiertamente la compra y venta de esta clase de productos. Muchas de estas personas se apoyan en plataformas virtuales tales como Instagram, Facebook y WhatsApp para perfeccionar transacciones comerciales de ‘réplicas’ de maquillaje. De esta manera las vendedoras pueden de alguna manera preservar incógnita su identidad y aislar el escrutinio de los consumidores y de las autoridades competentes.

Existe suficiente información en internet (por si el sentido común no fuera suficiente) sobre los diferentes riesgos asociados con la compra del maquillaje falsificado. No es el objetivo de este post reproducir los numerosos textos y noticias que proliferan con el fin de advertir, entre otros, los riesgos que se desprenden para la salud humana. Alguien pensaría que finalmente es responsabilidad del comprador el asumir las potenciales consecuencias de la compra de estos productos ilegales. Lo peor es que puede ser que el comprador sea ingenuo, deficientemente informado, o inducido al error. Lo anterior no porque el vendedor haga pasar los productos falsificados como auténticos, sino porque impunemente elogia las bondades de la réplica. En otras palabras vende los productos como si fueran verdaderas ‘gangas’.

Yo misma me quedé estupefacta cuando vi que en una de las tiendas de la ciudad en donde es posible encontrar algunos productos de maquillaje importado (original y falsificado), la dueña del establecimiento le decía a una incauta compradora que “la réplica era la misma cosa.” Lo anterior ocurrió porque yo de entrometida (al ver la interacción entre la vendedora y la compradora que preguntaba por ciertos labiales) pregunté:

— ¡¡pero el producto no es original!! verdad?”

Mi injerencia se debió a que pude advertir que la dueña del local (que fungía también como vendedora) no le informaba a la mujer que el producto por el que preguntaba en realidad no era original. Inmediatamente la dueña del lugar replicó, para mi sorpresa, “que eso no importaba, que igual todos los productos de maquillaje eran hechos en China”

Como sí el hecho del lugar de fabricación fuera inexorablemente equivalente al de las condiciones de producción y al de la composición química del producto (por no referirse a otros atributos inmateriales de los bienes). Que sepa el lector, que no necesariamente porque un producto sea fabricado en China, de ellos se desprende que el fabricante o propietario de la marca no tenga el control sobre las calidades y atributos del producto en cuestión. Lo dicho tiene especial importancia en la composición química del producto, de la cual se derivan riesgos de toxicidad y demás peligros para la salud humana. De acuerdo con la Policía de Londres (Police Intellectual Property Crime Unit) , se ha detectado plomo, arsenico y excremento de roedores en productos de maquillaje falsificado.

De igual manera, condiciones ambientales y sociales de producción pueden generar la diferencia en la opción de compra del producto. Imagínense por un momento una marca cuya reputación de calidad y aspectos éticos de producción le han llevado a un reconocido posicionamiento dentro del mercado internacional. Redes criminales internacionales pueden tratar de falsificar los productos de dicha marca. El producto en cuestión puede a simple vista tener una pigmentación similar (por no mencionar el empaque), pero el consumidor no va a obtener la misma fórmula, composición, condiciones ambientales y sociales de producción (e.g., el producto puede haber sido probado en animales y/o producido con mano de obra infantil).

De esta manera, la reflexión de la señorita a cargo de la tienda AAA es por mucho controvertible. No sin mencionar que su respuesta equivale a una excusa vergonzante concupiscente con una actividad repudiable. Y es repudiable no sólo porque como abogada crea firmemente en la importancia de los derechos de propiedad intelectual, incluyendo la debida protección de las marcas. Sino porque el patrocinio de la piratería finalmente termina financiando otras actividades criminales que desafían la imaginación. En otras palabras, la compra de maquillaje falsificado no es un acto superfluo o inocente qué sólo afecta al consumidor y al propietario de la marca. En el mercado negro internacional existe un agujero negro financiero del cual la piratería es un gran contribuyente.

La victima de la compra y del uso del maquillaje falsificado puede igualmente ser aquella persona que contrata los servicios de un maquillador. Vaya usted a saber sí el profesional del maquillaje en el cual usted ha depositado su confianza (no sólo por sus méritos con la brocha y el color, sino también por su ‘kit excepcional’) se ha anotado un hit comprando maquillaje ‘súper pro’ o de reputadas marcas vilmente falsificadas. Aquí no hay vivas o vivos viviendo de bobas o de bobos. Aquí todos son víctimas potenciales en calidad de compradores o consumidores de la competencia parasitaria, el fraude y la fabricación inescrupulosa de productos regulados.

Hasta aquí dejo el proemio de un tema que este blog se propone seguir abordando. Ya tendremos tiempo de discutir estos tópicos con el apoyo de expertos en aspectos relevantes vinculados a este fenómeno. Uno de ellos el jurídico. Por razones de formación profesional es este el tema que más me interesa y el qué quizá menos se conoce por parte de temerarios vendedores y compradores de productos piratas. Próximamente encontraran un post con un análisis más detallado de los aspectos jurídicos vinculados a la compra y venta de maquillaje falsificado. Por el momento vayamos abandonando el eufemismo de ‘réplicas AAA’ que les ha dado por acuñar. Este calificativo aplica para la calificación financiera y para las baterías, no para productos ilegales.

 

Alejandra

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Imagen de portada “The Promise II “(Madeline Von Foerster)
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A Través del Espejo de Diana

Como una polilla atraída por la luz de la llama escudriño los rincones de mujeres fascinantes que me son cercanas. El habito de “esculcar” o de curiosear en el verstiaire, boudoir o tocador de mis abuelas, madre, hermana y amigas ha permanecido incólume en el tiempo. El inocente placer infantil de descubrir objetos y artilugios ha mutado en la indagación casi etnográfica que conlleva el identificar rituales, arquetipos o estilos privilegiados por aquellas mujeres que considero fascinantes. El aristócrata Georges Louis Leclerc decía que el “el estilo es el hombre mismo”. Una frase de la que me apropio a propósito de este post, para afirmar que “el estilo es la mujer misma.”

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Diana, es un nombre que evoca la mujer descrita por Baudelaire en su poema ‘los Beneficios de la Luna,’ los cultos iniciáticos y a una de las más poderosas deidades femeninas inmanentes en el inconsciente colectivo. En esta ocasión, Espejos en el Ático abre una ventana al tocador de mi gran amiga y compañera de muchas sendas: Diana Henao. Algunos le reconocerán por la icónica e inspiradora fotografía de ‘Chaotica’, su blog personal y marca de estilo. En una tarde de lluvia y de crepúsculo rosa nos dimos a la tarea de abandonar nuestros temas frecuentes, de música, arte y la vida misma, para abrir paso a una discusión sobre aspectos no menos trascendentes: la magia del tocador.

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Diana encuentra en el maquillaje el complemento de su vestuario (que dicho sea de paso, es cuidadosamente curado). Se refiere al vestuario en términos de Roland Barthes . Desde esa estructura icónica, desde lo real al lenguaje, por esto el maquillaje lo considero ese complemento en la totalidad de la comunicación sobre lo que soy y quien soy, cuál es mi carácter y más superficial, mi mood del momento. En la vanidad de mi tocador, en la cotidianidad de mi apariencia, significa un juego, el ponerme una máscara en el sentido hermoso de la palabra, en el sentido artístico.

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Hablamos de la evolución, del efecto que el paso del tiempo tiene en como nos vemos (o nos queremos ver). Ella hace explícitos esos cambios que sugieren una transformación o una re-invención. La evolución ha sido rotunda. Desde siempre me ha influenciado esa apariencia lúgubre, “doomish”, opaca, de como imagino las musas de los románticos franceses, de como imaginaba hace ya un tiempo esos espectros, vampiros y otros, sin embargo las ocasiones de uso y la evolución de las ideas gráficas que ahora imagino han hecho que refine un poco el uso de estos; definitivamente no soy una experta, así que entiendo refinamiento como el aprendizaje sobre lo que me va bien y lo que definitivamente puedo desistir de usar.

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Mi bella amiga no es de las que se inspiran fácilmente en los videos de los makeup artists que pululan en YouTube. Ella se alimenta de ciertas tendencias en las pasarelas. Se refiere particularmente a Givenchy, McQueen y Rick Owens. En sus pasarelas ella encuentra una especie de lenguaje transitorio entre el arte y lo “usable”.

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¿Qué se esconde en el tocador y la cosmetiquera de esta mujer que a tantas inspira?

Me preocupo por la apariencia de mi piel, por esto un par de veces a la semana uso Aztec Secrets (mascarilla de barro), un clásico y recomendado! es como mi polvo de hadas. A la hora de maquillarme busco una apariencia natural en mi piel, pero definitivamente contraste en ojos, labios o ambos. Mi base es en realidad una crema hidratante con color, polvo suelto translúcido, marco pómulos en grises, juego un poco con rojos, grises y malvas en mis ojos, delineador y pestañina. Mis labios, como marca, siempre, siempre, oscuros o en rojo profundo! Mi rostro es redondo, así que para mí es fundamental contornearlo un poco, aunque huyo de ese juego de contornos actual, tan poco classy a mi parecer. Por último, mis cejas son de color gris claro, así que prefiero marcarlas con un color oscuro profundo.

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Que le quede claro al lector que Diana pertenece al círculo de las bellas disidentes del culto bizarro de la tendencia Kardashian. Mi amiga es de las que con gracia y sutileza encarna el look de la clásica bella vampirizada. De este look ya hablé con suficiencia en un escrito anterior.

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Procedo entonces a preguntarle sobre lo que no puede faltarle, lo que puede abrir paso a su ritual de belleza, a las sus pócimas y artificios que dan vida a su glamour personal. Para Diana, resulta imprescindible tener maquillaje para cejas, polvo translúcido, labial oscuro y delineador líquido de ojos. La pregunta frívola o cliché de rigor es la de la ‘isla desierta’. ¿Qué llevaría a una isla desierta sí acaso sólo le fuera permitido llevar un ítem de maquillaje? Para ella, la respuesta es definitiva (sino obvia): un buen labial oscuro, pues los tonos vamp son su statement. A propósito de dicha elección, Diana explica que la oralidad le conmueve y emociona, la lectura de un poema en voz alta, la exposición de una idea de forma oral, unos labios discretamente bien formados. Y es que las obsesiones de Diana, incluso las que subyacen en su cosmetiquera de infaltables, nacen en el arte.

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Alejandra Calle

 

Fotografía: Alejandra Calle & Diana Henao
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