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Un recorrido visual por la cotidianidad de mi tocador

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Con el objetivo de generar una comunidad alrededor de la “belleza pálida” hemos decidido crear el hashtag   #mirrorsintheattic. De esta manera será mucho más sencillo que nuestros seguidores y seguidoras (sin perjuicio de su ubicación geográfica) puedan compartir sus tips de maquillaje, productos recomendados y fuentes de inspiración.

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De Geishas y pieles de perla : de viaje por Japón descubriendo los secretos de la cosmética oriental

 

 

Durante las pasadas semanas tuve la enorme oportunidad de descubrir los mil encantos del Japón. Aunque se trató de un viaje de trabajo (académico) la inmersión cultural permitió adentrarme en aquello con lo que en principio más resonaba: el concepto de belleza. Identificar los elementos que han esculpido el ideal efímero de lo bello a través del tiempo en el fascinante universo paralelo que constituye la nación nipona. Así pues, al recorrer las calles de Tokio y de Kioto me concentré en reunir algunas piezas del rompecabezas del que se compone el mosaico de la belleza de la mujer oriental. Aunque se trata de un velo que no es fácil de descorrer, me conformé con identificar la punta del iceberg, lo que subyace en la superficie: el artilugio del maquillaje. Finalmente es eso lo de alguna manera ha inspirado este post. Hablar brevemente del maquillaje Japonés y de cómo el mismo ha sabido ser un aliado milenario de la belleza pálida.

En Japón pude darme a la tarea de analizar texturas, colores, empaques, promesas y bondades del maquillaje oriental. Con una aproximación casi etnográfica me dejé llevar por el impulso de visitar con frenesí cada farmacia, tienda de departamento y boutique asociada con el mundo onírico del maquillaje. Imágenes de pieles blanquísimas con una luminosidad de perla, labios glaseados, rubores pálidos como flores de cerezo y colecciones de pestañas interminables aparecían en los materiales publicitarios de la industria cosmética japonesa.

Todos estos elementos se conjugaban y contrastaban con las imágenes tradicionales del ideal de belleza del periodo Edo, en donde la geisha se manifiesta como mujer arquetípica.

 

Y es que es claro que en Japón el pasado y el presente caminan por una misma senda. Fueron muchas las ocasiones en las que me quedé perpleja al ver la calidad de las pieles de las mujeres niponas. Sin lugar a duda, la belleza etérea de muchas mujeres Japonesas se debe a la devoción con la cual cuidan su piel. Son consientes de que su mejor aliado es el protector solar, el parasol y la buena alimentación. Muchos productos para el cuidado de la piel son de excelente calidad y se encuentran a precios francamente irrisorios en las farmacias. Formulas compuestas por ingredientes tales como el aceite de camelia, el arroz y el extracto de perla son comunes en las miríadas de productos para el cuidado de la piel que se pueden encontrar en cada esquina. Por supuesto, alguien también puede comprometer su estabilidad financiera al comprar las pócimas milagrosas de SK-II hechas a base de pitera.

 

Es interesante ver como el transcurrir del tiempo no diluye la devoción oriental por el ideal níveo de la piel femenina. Aunque pudiera ser controversial para muchos, Japón es bien conocido por su predilección por la piel clara, resplandeciente y casi transparente. La palidez iluminada es característica de los estándares japoneses de belleza. Para quienes sea de interés este culto a la belleza de la piel blanca les recomiendo este breve texto sobre la historia del maquillaje en el Japón:

¿Por qué un cutis blanco es sinónimo de belleza para las japonesas?

Así las cosas, pude también comprobar el que si bien existen algunas diferencias entre el maquillaje japonés y el Coreano (en esto fueron muy vehementes las consultoras de belleza japonesas con las cuales pude hablar), ambos atienden a un ideal estético similar. Aunque ya algo sabia de las diferencias entre Oriente y Occidente en materia de estándares de belleza, nunca había totalmente dimensionado el enorme contraste que existe entre estos dos mundos (o realidades).

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A lo largo de mi vida he podido visitar y habitar varios países de occidente. He comprobado que sin perjuicio del tono de piel imperante en el país occidental, los colores, texturas y musas de maquillaje fácilmente encajan en lo que podríamos denominar un “ideal mediterráneo” (así sus mayores gestores provengan de las playas de California). El uso (y el abuso) del bronzer, los contornos, los iluminadores, los labios bien delineados (o re-dimensionados), khols, etc son escasos en los aparadores de las tiendas de cosmética japonesa. En su reemplazo se encuentran mil y un polvos compactos de tono pastel (rosa, azul y lila) que se utilizan para iluminar, labiales humectantes (que dejan los labios hidratados sin sensación cremosa o de pegote) , mascarillas que por sus formas y propiedades desafían la imaginación occidental, rubores de colores pasteles que embellecen las pieles de porcelana asiática, tintas de labios que aunque coreanas, son también tendencia en Japón toda vez que existe una afinidad por los labios pintados en gradiente.

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Las bases son sumamente claras (por lo general sólo se encuentran tres tonos). Con mucha suerte, en Japón una mujer trigueña puede hacerse a uno de esos bálsamos de belleza (las verdaderas BB Creams) que son un artificio asiático. Las pestañas postizas, pestañinas y delineadores constituyen una historia aparte (por no mencionar los lentes cosméticos). Es bien conocida la obsesión de las japonesa por embellecer (i.e agrandar) sus ojos. Por ello la denominación de origen japonés es garantía de calidad en esta categoría de productos. Existe algo que llama profundamente la atención a la mujer occidental en el empaque de los productos japoneses. La mayoría de los cosméticos (a no ser que se trate de algunas líneas de Shiseido como Clé de Peau o del celebre Shu Uemura) son muy Kawaii (lindos). Sin embargo, para algunos pueden parecer infantiles o empalagosamente femeninos. En otras palabras, pueden parecer de juguete.

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No es pues una sorpresa el que haya regresado a estas montañas de penumbra tropical totalmente impresionada y obsesionada con el maquillaje japonés (sin mencionar los productos para el cuidado de la piel). Nunca fue tan fácil para mi encontrar una base o un polvo compacto. Todavía recuerdo que durante mis años en Irlanda siempre fue difícil para mi encontrar dos cosas: una base pálida y unas medias veladas de color perla. La ironía más grande es que las bellas irlandesas de piel nívea suelen pertenecer al culto del autobronceador y  usar una base más oscura que su color natural de piel. Nuevamente, el culto por la belleza de bronce (ciertamente no de la edad de bronce). Por aquel entonces pude apañármelas aclarando un poco las bases con el no bien ponderado primer Le Blanc de Chanel. Me resultaba cómico el hecho de que en Irlanda viera a muchas mujeres con la infame línea divisoria entre el cuello y el rostro generada por el uso de una base más oscura. Como en un déjà vu en negativo, en Japón pude apreciar el mismo efecto pero con la línea divisoria clara. Esto es porque las mujeres japonesas tienden a usar bases de colores más claros que el de su tono de piel.

 

A manera de abrebocas informo a las damas pálidas que siguen mis escritos que durante las próximas semanas voy a estar realizando una serie de reseñas de varios productos japoneses y coreanos. Productos que con una curiosidad entre infantil, artística y científica adquirí con el propósito de cultivar la belleza del color de la azucena. El propósito es loable toda vez que sumado al escuadrón del protector solar y el parasol, dichos artificios podrán prolongar la sensación de tener en mi piel un lienzo sobre el cual dibujar.

 

Me complace también anunciar que de varios productos que compré para mi colección de maquillaje tendré uno disponible para la venta (sólo en Colombia). Entre tanto quisiera sugerir un video de la maquilladora Lisa Eldrige que ilustra perfectamente los contrastes entre las tendencias de maquillaje de Oriente y Occidente.

Lisa Eldridge East Meets West – Makeup Trend Transformation Tutorial

 

Arigatou gozaimasu!

 

Alejandra

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Entre Musas y Coloretes

 

Colorete, blush, blusher, rubor, la denominación palidece ante el vasto horizonte de colores que hoy compone una paleta inagotable. Gústenos o no, el rubor representa uno de los mejores aliados de las damas pálidas. Por supuesto, usar rubor es aprender a caminar por un campo minado. Cualquier paso en falso puede ser fatal. Un brochazo de exceso puede situarnos en la ingrata representación de Columbina (personaje la Commedia dell’Arte) o en una menos aristocrática versión de María Antonieta. Con todo, aplicado con la suavidad de un adagio y con una acertada elección del color, el rubor (en tanto artificio cosmético) puede resaltar la belleza serena y atemporal de la piel que le teme al sol. Debo sin embargo aclarar que no siempre tuve al colorete por aliado. Le temía como a la plaga pues pensaba que la tonalidad rojiza en las mejillas me robaría el aire de vampiresa que pretendía a toda costa preservar. Franco error de la inexperiencia y del cliché. Una mala lectura de la literatura gótica y un rebelde afincamiento en la subcultura.

dsc07599Urban Decay (Obsessed)

Tuve que experimentar para comprobar que la vitalidad y la complejidad que le proporciona el blush a los contornos del rostro de nosotras “las pálidas” tiene una gracia que mal haríamos en subestimar. Finalmente entendí que los vampiros también adquieren la colorida vitalidad en sus mejillas después de alimentarse. Tuve igualmente que comprobar que muchas de las musas de mis obras de arte favoritas tenían dos cosas en común: su tez de porcelana y sus mejillas rosa o melocotón. Me bastó igualmente con ver -desde una perspectiva más pragmática- como los diferentes tonos de rubor podrían servir para marcar ángulos que deseaba destacar (en ausencia o en conjugación con el bronzer).

 dsc07602Charlotte Tilbury (Cheek to Chick-First Love)
dsc07611Pupa (like a Doll Luminys Blush) y The Balm (Frat Boy)

Así las cosas, en las lides del uso del rubor mi sugerencia consta de dos elementos esenciales (que por lo menos a mi me han funcionado). El primero, es el de tratar conservar la correspondencia entre los tonos del rubor y del labial. El segundo, es el de optar por los colores pálidos (tonos rosa, lilas, malva o durazno). Por supuesto, toda regla tiene su excepción. Por ejemplo, hay tonos tierra o bronceados (como el Lovejoy de Nars) que con buen pulso y buena brocha, pueden esculpir bellos pómulos propios del look de los 90.

dsc07586Los iuminadores con tonalidad rosa o durazno  pueden igualmente servir para complementar el efecto del blush

En las imágenes que acompañan este post dejo a su consideración algunos de mis rubores favoritos. He seleccionado aquellos de mi colección que podrían haber iluminado los rostros de aquellas arquetípicas bellezas que inspiraron grandes pinturas del romanticismo. Entre ellas, la trágica Ophelia (John William Waterhouse), la lánguida Joséphine de Beauharnais (Pierre-Paul PRUD’HON) y la Venus Verticordia (Dante Gabriel Rossetti).

dsc07593Milani (Luminoso)

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Alejandra Calle

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